Año tras año las frías estadísticas siguen repitiéndose: las tres "C" (corazón, carretera y cáncer) siguen catalogadas como principales causas de mortalidad en el mundo. Con frecuencia se ha relacionado al colesterol con una parte de los fallos cardíacos. Pero no hay que alarmarse; si en algún análisis nos sale alto el nivel de colesterol, es bueno saber que la prevención de sus complicaciones resulta sencilla.
El colesterol es una sustancia grasa presente de modo habitual en la sangre, aunque en muy pequeñas cantidades. Su origen es doble: parte del colesterol existente en el organismo se incorpora diariamente a través de los alimentos que tomamos. Otra porción se forma dentro de nuestro cuerpo, sobre todo en el hígado.
Las funciones que cumple esta grasa en nuestra fisiología son variables y complejas; entre ellas destaca la de ser precursora de diversos tipos de hormonas y de la propia bilis.
Complicaciones graves
La cantidad normal de colesterol contenida en la sangre debe oscilar entre 150 y 270 mg/100 ml. Cuando estas cifras se rebasan existe el riesgo de que aparezcan complicaciones, como la arteriosclerosis, la más frecuente.
La arteriosclerosis es una de las típicas enfermedades propias de la civilización industrializada y occidental. Aunque su origen se relaciona con varios factores distintos - edad adulta, hábito de fumar tabaco, situaciones de estrés, alimentación rica en grasas, falta de ejercicio físico, etc. - la causa más importante de la arteriosclerosis radica en la elevación de las tasas de colesterol en la sangre.
Este colesterol sobrante se va depositando en las paredes de las arterias, endureciéndolas y dificultando la circulación sanguínea. Tanto las manifestaciones clínicas como las graves consecuencias de la arteriosclerosis dependen de la localización de los vasos sanguíneos afectados. Así, en el corazón puede ocasionar angina de pecho e infarto de miocardio; en la cabeza, trastornos intelectuales (torpeza, pérdida de memoria...), trombosis y embolias; en las extremidades, desde cansancio precoz al caminar o al hacer ejercicio hasta la temida gangrena.
Una buena alimentación
Antes de comenzar a tomar medicamentos contra el colesterol es imprescindible la instauración de un régimen determinado. Estas son algunas recomendaciones:
- Se evitará consumir alimentos ricos en grasas: leche completa y todos sus derivados, yema de huevo, carnes grasas, vísceras (sesos, riñones, etc.), mantequilla, tocino, mariscos, chocolate, aceite de coco y de palma.
- Los aceites de maíz, soja y girasol, al igual que las margarinas confeccionadas con ellos, tienen un efecto beneficioso y protector contra el colesterol.
- No se realizarán comidas abundantes ni con demasiadas calorías.
- Se evitará el consumo de alcohol y de tabaco, pues favorecen la aparición de complicaciones.
- Las personas obesas deberán perder peso, mientras que los hipertensos y diabéticos extremarán el control de sus patologías por padecer mayor riesgo de complicaciones. Las vitaminas del grupo B y C parecen ejercer un papel beneficioso y protector contra el colesterol y la arteriosclerosis.
Dosis individualizadas
Aunque en algunas ocasiones el aumento de las cifras de colesterol está motivado por determinadas enfermedades, como la diabetes, trastornos de la glándula tiroides o alteraciones del hígado o riñón, la mayor parte de las veces se desconoce cuál es el motivo de este aumento. A veces buscamos la causa en una alimentación inapropiada o en una predisposición personal o familiar.
Si bien es dieto que la dieta puede ejercer un papel altamente beneficioso en la disminución de la cantidad de colesterol contenido en sangre, los fármacos son un respaldo importantísimo en el tratamiento. Las dosis de estos medicamentos deberán ser individualizadas en cada persona de acuerdo con las cifras de colesterol y con la respuesta del tratamiento. De la misma forma, resultará conveniente que se realicen análisis de sangre periódicamente (entre dos a seis meses) para valorar las tasas de colesterol y poder modificar la medicación cuando sea necesario.
Los medicamentos utilizados contra el colesterol se dividen en los siguientes grupos:
- Preparados que reducen la absorción del colesterol en el aparato digestivo. Entre ellos destaca la colestiramina, que se une al colesterol impidiendo que se absorba, por lo que se expulsa con las heces.
- Productos que inhiben la formación del colesterol en nuestro organismo, en especial en el hígado. El ya clásico clofibrato y el moderlo alufibrato se convierten en los máximos exponentes de este grupo de fármacos.
- Compuestos que facilitan la degradación y la eliminación del colesterol existente en nuestro cuerpo. Antaño se emplearon para tal menester extracto de la glándula tiroides o incluso verdaderas hormonas tiroideas. En la actualidad se usa D-Tiroxina, un preparado también hormonal pero con menos cantidad de efectos secundarios desagradables. Sin embargo, la D-Tiroxina no debe ser utilizada por quienes padezcan del corazón, en especial si ya han sufrido en alguna ocasión una crisis de angina de pecho o un infarto de miocardio.
De la misma forma la D-Tiroxina se utilizará con suma precaución en pacientes con enfermedades del tiroides, ya que podrían ser descompensadas por tal medicamento.
- En un terreno intermedio se sitúan los derivados del ácido nicotínico, cuyo mecanismo de acción no está del todo claro. Al parecer facilita la eliminación del colesterol y le impide además formar depósitos. Lo mismo ocurre con el piridinol-carbonato, que además de reducir las cifras de colesterol protege la pared de todos los vasos sanguíneos contra la acción de la arteriosclerosis.
La clase médica sigue investigando constantemente y sacando al mercado nuevos medicamentos contra el colesterol, uno de los mayores problemas sanitarios que hay en la actualidad.
El colesterol es una sustancia grasa presente de modo habitual en la sangre, aunque en muy pequeñas cantidades. Su origen es doble: parte del colesterol existente en el organismo se incorpora diariamente a través de los alimentos que tomamos. Otra porción se forma dentro de nuestro cuerpo, sobre todo en el hígado.
Las funciones que cumple esta grasa en nuestra fisiología son variables y complejas; entre ellas destaca la de ser precursora de diversos tipos de hormonas y de la propia bilis.
Complicaciones graves
La cantidad normal de colesterol contenida en la sangre debe oscilar entre 150 y 270 mg/100 ml. Cuando estas cifras se rebasan existe el riesgo de que aparezcan complicaciones, como la arteriosclerosis, la más frecuente.
La arteriosclerosis es una de las típicas enfermedades propias de la civilización industrializada y occidental. Aunque su origen se relaciona con varios factores distintos - edad adulta, hábito de fumar tabaco, situaciones de estrés, alimentación rica en grasas, falta de ejercicio físico, etc. - la causa más importante de la arteriosclerosis radica en la elevación de las tasas de colesterol en la sangre.
Este colesterol sobrante se va depositando en las paredes de las arterias, endureciéndolas y dificultando la circulación sanguínea. Tanto las manifestaciones clínicas como las graves consecuencias de la arteriosclerosis dependen de la localización de los vasos sanguíneos afectados. Así, en el corazón puede ocasionar angina de pecho e infarto de miocardio; en la cabeza, trastornos intelectuales (torpeza, pérdida de memoria...), trombosis y embolias; en las extremidades, desde cansancio precoz al caminar o al hacer ejercicio hasta la temida gangrena.
Una buena alimentación
Antes de comenzar a tomar medicamentos contra el colesterol es imprescindible la instauración de un régimen determinado. Estas son algunas recomendaciones:
- Se evitará consumir alimentos ricos en grasas: leche completa y todos sus derivados, yema de huevo, carnes grasas, vísceras (sesos, riñones, etc.), mantequilla, tocino, mariscos, chocolate, aceite de coco y de palma.
- Los aceites de maíz, soja y girasol, al igual que las margarinas confeccionadas con ellos, tienen un efecto beneficioso y protector contra el colesterol.
- No se realizarán comidas abundantes ni con demasiadas calorías.
- Se evitará el consumo de alcohol y de tabaco, pues favorecen la aparición de complicaciones.
- Las personas obesas deberán perder peso, mientras que los hipertensos y diabéticos extremarán el control de sus patologías por padecer mayor riesgo de complicaciones. Las vitaminas del grupo B y C parecen ejercer un papel beneficioso y protector contra el colesterol y la arteriosclerosis.
Dosis individualizadas
Aunque en algunas ocasiones el aumento de las cifras de colesterol está motivado por determinadas enfermedades, como la diabetes, trastornos de la glándula tiroides o alteraciones del hígado o riñón, la mayor parte de las veces se desconoce cuál es el motivo de este aumento. A veces buscamos la causa en una alimentación inapropiada o en una predisposición personal o familiar.
Si bien es dieto que la dieta puede ejercer un papel altamente beneficioso en la disminución de la cantidad de colesterol contenido en sangre, los fármacos son un respaldo importantísimo en el tratamiento. Las dosis de estos medicamentos deberán ser individualizadas en cada persona de acuerdo con las cifras de colesterol y con la respuesta del tratamiento. De la misma forma, resultará conveniente que se realicen análisis de sangre periódicamente (entre dos a seis meses) para valorar las tasas de colesterol y poder modificar la medicación cuando sea necesario.
Los medicamentos utilizados contra el colesterol se dividen en los siguientes grupos:
- Preparados que reducen la absorción del colesterol en el aparato digestivo. Entre ellos destaca la colestiramina, que se une al colesterol impidiendo que se absorba, por lo que se expulsa con las heces.
- Productos que inhiben la formación del colesterol en nuestro organismo, en especial en el hígado. El ya clásico clofibrato y el moderlo alufibrato se convierten en los máximos exponentes de este grupo de fármacos.
- Compuestos que facilitan la degradación y la eliminación del colesterol existente en nuestro cuerpo. Antaño se emplearon para tal menester extracto de la glándula tiroides o incluso verdaderas hormonas tiroideas. En la actualidad se usa D-Tiroxina, un preparado también hormonal pero con menos cantidad de efectos secundarios desagradables. Sin embargo, la D-Tiroxina no debe ser utilizada por quienes padezcan del corazón, en especial si ya han sufrido en alguna ocasión una crisis de angina de pecho o un infarto de miocardio.
De la misma forma la D-Tiroxina se utilizará con suma precaución en pacientes con enfermedades del tiroides, ya que podrían ser descompensadas por tal medicamento.
- En un terreno intermedio se sitúan los derivados del ácido nicotínico, cuyo mecanismo de acción no está del todo claro. Al parecer facilita la eliminación del colesterol y le impide además formar depósitos. Lo mismo ocurre con el piridinol-carbonato, que además de reducir las cifras de colesterol protege la pared de todos los vasos sanguíneos contra la acción de la arteriosclerosis.
La clase médica sigue investigando constantemente y sacando al mercado nuevos medicamentos contra el colesterol, uno de los mayores problemas sanitarios que hay en la actualidad.